DIAZTEJEIRO

TEATRO

El pasado 1 de Febrero de 2021 comenzaremos lo que fueron 10 días de estudio e investigación práctica en torno al mito El rato de Proserpina de Ovidio. Con ello abro este espacio en el que recogeré problemáticas a las que buscamos enfrentarnos para aprender. Lo haremos desde dos vertientes: la práctica, carnalizada a través de la experiencia en TeatroLab y la teórica, aquí expuesta. 

Las ideas aquí expuestas son escritas y compartidas de forma pública con la única pretensión de profundizar en el diálogo. Tú que me estas leyendo: en caso de querer añadir, comentar o expresar algún pensamiento en relación a los textos publicados, me gustaría mucho poder recibirla en este mail lucia@diaztejeiroteatro.es para así continuar con el diálogo y profundizarlo.

Hemos comenzado con la Metamorfosis de Ovidio como pretexto para comenzar la búsqueda y creación de un lenguaje personal. Nuestra práctica se basará en tratar de comprender cómo podemos definir a través de un lenguaje distinto a este que estoy usando, esto es, la palabra, cómo podemos generar un concepto nuevo. Solo que la forma de significarlo es a través del gesto artístico. En este caso, el movimiento del cuerpo humano en escena en relación a los objetos. No es ninguna novedad esta intención nuestra, pues al final, toda obra artística responde a esto: Generar un lenguaje personal, crear una forma de expresión que no está definida por la palabra. Incluso cuando el instrumento es la propia palabra, el conjunto de la obra es un espacio al que acceder, un espacio nuevo por descubrir. Es una nueva forma de definir un concepto de forma personal. Nos situamos por tanto, ante la siguiente problemática: 

Partimos de la base que el concepto es todo aquello que las cosas tienen en común. (Por ejemplo: esta mesa sobre la que estoy escribiendo es distinta de la que probablemente tengas tú en tu salón y sin embargo, nuestra forma de asignarle un nombre, es la misma. Es la misma por todos los elementos comunes.) Nosotras buscamos encontrar qué es lo que tiene de diferente mi mesa de tu mesa. Pongamos el ejemplo de otra palabra: Madre. La palabra madre se nos asigna por necesidad al nacer. Todas las personas han nacido de su madre. Es por esto que su primera definición, con la que todas estamos de acuerdo es en su sentido biológico. Sin embargo, a lo largo de la historia esta palabra ha sido cargada de definiciones que la han consolidado de una forma particular. Y que de hecho, está escrita en los diccionarios del mundo. En concreto me centraré en el español puesto que es mi lengua -justamente- materna. La segunda acepción del diccionario después de la referente a la biológica, es la siguiente: «mujer con cualidades atribuidas a una madre, especialmente su carácter protector y afectivo» y la siguiente, «mujer que ejerce de madre» Ahora bien, ¿qué sucede con las personas que no se encuentran amparadas dentro de la definición de esta palabra?, ¿qué sucede si la madre no cuenta con un «carácter protector y afectivo»? El concepto podría aplicarse únicamente por el término biológico, lo cual sería lícito y también extremadamente impreciso. Se construye entonces toda una estructura institucionalizada alrededor de esta definición. Podría darse que, mi figura del concepto madre, no se asemeje a la figura nítida de la definición. Se crea entonces la estigmatización de la persona, esto es, una persona expulsada del sistema construido alrededor de la palabra. Inevitablemente se encontrará sometida a la violencia de tener que elegir: o renunciar al concepto que le es ajeno y generar uno nuevo y propio, o desarrollarse sabiendo que, lo que la persona sabe en su experiencia respecto de la palabra madre, no lo puede decir ni designar a través de esta porque no corresponde a lo que es aceptado dentro de las reglas del lenguaje. ¿Cuánto tiene que resultar falso en mi rótulo de ‘madre’ para que yo abandone la proposición y la tome por falsa? ¿Es posible crear una nueva forma de lenguaje personal? 

Febrero 2021

En Septiembre de 2020 presentamos en el Teatro Comandini después de un mes y medio de trabajo en el estudio, una instalación sonora titulada: Máquina Visión. ‘Visione’. Enmarcada en el periodo final de los tres años de estudio en la Scuola cònia. Claudia Castellucci, directora de la misma, pone a disposición el Teatro Comandini para realizar el trabajo final.

Mi línea de investigación estaba basada en la búsqueda de cómo a través del teatro a saber: la forma de expresión estética en la que sucede un acontecimiento relativo a la presencia, era posible mantener su esencia pero únicamente con la presencia de los espectadores. Además un segundo fundamento que sostenía el proceso de investigación estaba basado en cómo contar una historia narrativa únicamente a través del sonido. Fernando Monedero fue quién realizó la composición musical y espacio sonoro inmersivo. Él tradujo las palabras a música. Trabajamos el funcionamiento de la percepción espacial a través del sonido. La investigación cobró un doble camino; por un lado tendríamos como objetivo último que únicamente a través del sonido el espectador pudiera dudar del lugar en el que se encontraba. La dramaturgia que me encontraba escribiendo se basaba en un recuerdo. Era a una cabeza  donde queríaímos trasportar al espectador. Una cabeza que pensaba un recuerdo. Que escuchaba un recuerdo.  

‘Theatron’ que significa lugar para ver. Partiendo de ‘Thea’; ‘visión’ que al relacionarse con el verbo ‘theaomai’ viene a significar ‘contemplar’. Partimos de la base en la que la palabra teatro además alude a un lugar. Al unir estos dos significados originarios definimos en esta investigación sonora el teatro como el lugar de la visión. 

En la antigua Grecia, los lugares de visión, tenían la capacidad de albergar a catorce mil personas los más grandes. Por lo que la ‘visión’ no se relacionaba con el sentido literal de la vista, ya que las condiciones físicas del espacio no lo permitían. El sonido siendo extraordinario se tornaba de vital importancia. La visión a la que se refería la palabra ‘theatron’ está por tanto relacionada con la palabra ‘theoria’ significando esta, búsqueda de la verdad. Curiosamente la palabra theoria deriva de theoros, que significa espectador. El espectador es quien busca la verdad en el lugar de la visión. 

En esta investigación buscamos incluir al espectador en la obra de forma radical y física. Buscamos arrastrar al espectador dentro de un experiencia. Que atraviese el cuerpo y no únicamente con el lenguaje, sino con todos y cada uno de los elementos que pertenecen a la escena. El lenguaje de palabra será incluido en la obra pero no de forma exclusiva, buscamos traspasar los límites del lenguaje a través del sonido. 

Nos hemos inspirado en artistas que ya incluyeron al espectador dentro de su obra como Allan Kaprow y su happening ‘Yard’ realizado en 1961.

 

 

Agosto 2020

 

 

 

 

‘El Funambulista’, by Jean Genet, is a prose love poem as well as a deep reflection on the aesthetics of art and loneliness. Genet was going through one of his brightest moments as a writer when he decided to finance the career of his then boyfriend, Abdallah Bentaga, until he became a prestigious funambulist. The young man fell from the wire, seriously injuring his knee and was forced to give up tightrope walking forever. In a matter of a year, Genet leaves him and Abdallah commits suicide.
In the II Artistic Residency at El Pavón Teatro Kamikaze, Diego Cabarcos, Xoán Fórneas, Alejandro Jato, Fernando Monedero, Josemi Laspalas and Lucía Díaz-Tejeiro have wanted to give a voice to the young Abdallah and focus on the practice of tightrope walking. Well, that is where the vertex in which two worlds coexist: the absolute precipitates on the wire of the volatinero The wire, edge of all possible options. Where only one is resolved.

This show is the result of the II Artistic Residency El Pavón Teatro Kamikaze.

Mayo 2019